martes, 6 de marzo de 2012

DESDE LA ATALAYA DEL CASTILLO

Es doloroso tener que reconocer que uno se ha equivocado, la realidad es inapelable y hay que admitir los hechos aunque sea muy doloroso. En España hoy aquel modelo heredero de la farmacia liberal decimonónica y transformado por la regulación implantada en 1941 ha evolucionado a la par que la sociedad española y se ha transformado desde una farmacia homogénea, donde existía un máximo común denominador, a una farmacia como la actual muy heterogénea, con un mínimo común denominador, que quizás solo sea la defensa de la propiedad unida a la titularidad.

Defender modelos basados en unos criterios homogéneos para toda la farmacia española ha sido el error de algunos. Estoy convencido que muchos compañeros están en su derecho de optimizar sus farmacias, utilizando todos los recursos que lícitamente su situación les permite.

Reconozco mi obcecación en defender un modelo de farmacia asistencial frente a planteamientos puramente mercantilistas. Porque un compañero bien situado con una amplia clientela no puede ofrecer servicios complementarios para satisfacer la demanda y complementar los pingues beneficios que los medicamentos éticos suponen en la facturación de una farmacia.

Es lícito que quieran un modelo de negocio parecido al de la farmacia anglosajona, donde el medicamento es una parte, aunque no la principal del negocio.
Pero también es lícito que esa parte de la farmacia española que por ubicación, no olvidemos que fruto de la regulación, no se adaptan a esos planteamientos, busquen un camino para seguir adelante.
Lo que no es lícito, es que una parte de la farmacia española, por importante que sea, tenga secuestrada a un porcentaje no despreciable de compañeros, utilizándolos como escudos protectores, sin tomar ninguna medida que pueda atemperar la situación de precariedad y falta de equidad de un modelo cada vez más dispar y por tanto menos homogéneo.

De lo que estoy seguro es que la farmacia rural puede seguir su camino, no necesita la protección de otros sectores, porque se justifica por sí misma y tiene el reconocimiento de la administración y de la sociedad.
De lo que no estoy seguro, es que otro tipo de farmacias puedan caminar solas, sin nuestro escudo protector. Quizás ha llegado el momento que cada uno siga su camino y el tiempo será juez inapelable.

Francisco González Lara

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