Este blog nace con la esperanza de que llegue a ser un nexo de unión entre los grandes olvidados y auténticos garantes del actual sistema farmacéutico: los farmacéuticos rurales. En él, se colgarán noticias relacionadas con el mundo de la farmacia rural, y me agradaría que os animárais a compartir ideas. Vuestra opinión es muy importante.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
lunes, 7 de septiembre de 2009
Decálogo de Propuestas Organizativas de los Centros Sanitarios ante la Gripe A
http://gripeycalma.wordpress.com/Con el ánimo de frenar esta "epidemia" de alarmismo que se ha generado ante la gripe A, el blog de farmacéuticos rurales sigue colaborando con el grupo gripe y calma en la difusión de un mensaje de tranquilidad a la sociedad, y tal como se anunció la semana pasada, procedemos a la publicación del Decálogo de Propuestas Organizativas de los Centros Sanitarios ante la Gripe A.
Un saludo a tod@s,
Javier
Introducción
Ante un previsible aumento de la actividad asistencial de los servicios sanitarios debido al incremento de casos de gripe por el virus pandémico A/H1N1, las autoridades sanitarias deben ser receptivas a las opiniones de los médicos que vamos a atender a dichas personas. Con el objetivo de mejorar la atención a los pacientes y contribuir a una organización eficaz de los servicios sanitarios, hemos elaborado una serie de recomendaciones sobre diversas medidas a tomar. Alguna de ellas puede suponer una importante modificación de las estructuras actuales, pero creemos que, ante una situación de posible excepcionalidad, las medidas organizativas también deben serlo. Estas consideraciones las hacemos desde la experiencia del trabajo diario y esperamos que, para el beneficio de la sociedad en su conjunto, sean tenidas en cuenta.
Propuesta 1. De la atención a la enfermedad
La mayoría de los pacientes afectados sufrirán un cuadro leve que no requiere una atención médica específica. Se priorizará la atención telefónica como el método más accesible para valorar la necesidad de asistencia clínica de un paciente. De esta forma, se valorará la posibilidad de que sean suficientes las medidas de autocuidado y de observación activa por parte del paciente o sus cuidadores. Las autoridades sanitarias deben divulgar y recomendar las medidas de autocuidado a la población general, así como el conocimiento de los signos de alerta que puedan motivar una valoración médica. Se deberán usar con este fin todos los medios de comunicación disponibles.
Propuesta 2. Valoración del paciente que acude al Centro de Salud
Confiamos que los pacientes afectados por un cuadro clínico de síndrome gripal acudan a las consultas médicas de los Centros de Salud con normalidad, y siempre que sea posible, con cita previa. De esta manera, el flujo de personas que necesitan ser atendidas será ordenado y fluido. Si el número de casos se incrementa llamativamente en un breve espacio de tiempo y las consultas reciben una gran cantidad de personas sin cita previa o con carácter urgente, se puede organizar, junto con los profesionales de enfermería y de administración, algún sistema de clasificación (triage) que determine la necesidad de atención preferente o urgente por parte del médico. Se aconsejará al paciente con tos activa que mantenga las medidas de higiene adecuada mientras espera a ser atendido. Cada consulta deberá disponer del material necesario para mantener una adecuada higiene y ventilación.
Propuesta 3. La atención domiciliaria
La atención a domicilio implica alrededor de 30 minutos por paciente y es inviable, hacerla de forma generalizada y masiva, cuando las consultas y los médicos de familia y pediatras se encuentran al máximo de sus posibilidades. Por lo tanto, si se produjera un aumento de la demanda de este tipo de atención se deberían poner en marcha, al menos, algunas de las siguientes medidas:
- En las áreas donde no esté asumida directamente por el 061 u otro teléfono autonómico. La demanda de asistencia a domicilio urgente será explícitamente regulada en los propios centros de salud, interviniendo en esta regulación los profesionales administrativos y médicos de familia o pediatras correspondientes, bajo el objetivo común de optimizar los recursos y prestar la mejor asistencia.
- Todas las solicitudes de avisos domiciliarios serán evaluadas directamente en contacto telefónico con el enfermo o sus familiares por el médico del paciente, o en su defecto por médicos del mismo centro de salud, tomando estos profesionales la decisión de desplazarse o no al domicilio.
Propuesta 4. Justificación legal de la incapacidad temporal.
El tiempo empleado en realizar las tareas que impone la actual regulación de la baja laboral a numerosos pacientes provocaría el colapso de la atención por razones burocráticas: pacientes enfermos, bajas por aislamiento... todos ellos con la necesidad de un parte de baja, confirmación, alta (6 hojas impresas en 3 días diferentes). Se propone autorizar con carácter excepcional un documento único de baja laboral rellenable por el primer médico que atienda al paciente en cualquier ámbito del Sistema Nacional de Salud (centro de salud, SAR, urgencias hospitalarias, etc.), donde se especifique el diagnóstico y el tiempo recomendado de ausencia laboral. De esta forma, se evitaría duplicar las visitas y usar un tiempo tan necesario para una tarea administrativa. El Instituto Nacional de la Seguridad Social y los Servicios de Inspección Sanitaria y las mutuas laborales deberían participar en la realización de este modelo. Los médicos que realizamos esta tarea sabemos de la importancia de una medida de este tipo para aprovechar un tiempo necesario y escaso. Otros países de nuestro entorno (Reino Unido) justifican la ausencia del trabajo por cualquier patología de menos de 7 días de duración con un modelo (Self Certification Absence Form) que rellena el propio paciente.
Propuesta 5. El tratamiento farmacológico
Sea cual sea el nivel asistencial en que el paciente sea atendido (hospital, domicilio o centro de salud) deberá recibir en la primera visita, a través de receta o directamente si fuera necesario, el tratamiento farmacológico completo para cubrir el periodo del desarrollo de la enfermedad, eliminando de esta manera las consultas redundantes innecesarias.
Propuesta 6. Ante la ausencia por enfermedad del personal sanitario
La previsible afectación de los trabajadores de los centros de salud motivará situaciones difíciles para asumir toda la carga de trabajo. De ser así, la población debe conocer que existen límites razonables a la capacidad carga laboral de cada profesional sanitario, solicitándose a los pacientes que presenten otras patologías no preferentes, que asuman la necesidad de pasar a un segundo plano y retrasar su consulta. Las autoridades sanitarias han de hacer campaña pública de esta situación y apelar a la solidaridad social. Para garantizar la adecuada cobertura de los servicios sanitarios prioritarios, la Administración deberá contratar todos los profesionales que necesite, siempre que tengan la capacidad suficiente. Para evitar problemas y conseguir la necesaria agilidad para ello, tanto la Administración como los sindicatos deberán acordar las modificaciones de las condiciones de trabajo y de los procesos de selección de personal temporal que se requieran.
Propuesta 7. Centros Residenciales para Personas Mayores y otras instituciones.
Los médicos que trabajen en las residencias de ancianos, de discapacitados, etc. públicas y privadas, incluso los médicos del trabajo y mutuas de accidentes de trabajo, deberán tener autonomía suficiente para realizar y ratificar con su firma cualquier actividad burocrática, incluidas las recetas, que venga determinada por la asistencia a casos de gripe A y que hasta ahora no podían realizar. Ante una situación excepcional y conociendo la carga de trabajo no clínico que generan estos aspectos, la prioridad deberá ser la atención a los pacientes y las medidas deben favorecer y no entorpecer esa labor.
Propuesta 8. La atención telefónica directa a la población en los teléfonos habilitados.
El uso de la población de los teléfonos habilitados: 061, Salud Responde, Sanitat Respon, entre otros y cualquier otro que habiliten las autoridades sanitarias como centro de información y asesoramiento, es una medida positiva tendente a la realización de un triage telefónico y a la instrucción de los pacientes en el correcto autocuidado. Su labor puede ser muy importante si contribuye a la descarga de la atención directa de los pacientes que soliciten información o presenten sintomatología que no precise la asistencia clínica directa de un médico. Los teléfonos de emergencias (112) deberán reservarse para un correcto uso.
Propuesta 9. La colaboración entre el centro de salud y el hospital.
Se debería establecer un sistema ágil de comunicación entre el centro de salud y el hospital para la rápida atención del paciente de alto riesgo. Si el paciente ha sido valorado en Atención Primaria debería ser considerado como preferente a su llegada al hospital, evitando otra espera hasta la clasificación (triage) hospitalaria. Para ello, la disponibilidad de comunicación electrónica (correo electrónico) serviría también de ayuda. Los pacientes dados de alta a su domicilio han de salir del hospital con su medicación y con el informe de baja laboral cumplimentado como indicábamos en la recomendación 4. Este tipo de organización funciona en otros países (Reino Unido) y sería deseable que fuera lo habitual en todo tipo de patologías.
Propuesta 10. La comunicación con el paciente.
Los pacientes informados y bien atendidos se muestran por lo general comprensivos con los problemas que pueden surgir ante una situación excepcional. La comunicación con ellos debe realizarse en todos los ámbitos. La información escrita ayuda a concretar los mensajes. Se deberán realizar dípticos para la entrega personal a todos los pacientes y sus familias con aspectos de higiene, medicación, consejos de autocuidado, así como las instrucciones necesarias para un correcto uso de los servicios sanitarios.
Con una buena organización e información podremos afrontar la actividad asistencial de los próximos meses con serenidad, evitando que el daño de la enfermedad sea mayor que el de los síntomas que produzca, evitando el caos sanitario que provocaría efectos colaterales muy perjudiciales para la salud de la población.
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jueves, 3 de septiembre de 2009
Gripe A: ante todo mucha calma

Durante los últimos meses los profesionales sanitarios que mantenemos blogs hemos reflejado en ellos la inquietud que vive nuestra sociedad con la denominada pandemia de gripe A.
Los médicos venimos constatando en las últimas semanas una afluencia importante de pacientes a las consultas demandando información. También hemos visto cómo algunos documentos y entradas de nuestros blogs salían del circuito sanitario habitual y se difundían por Internet. Esos dos hechos nos han llevado a un grupo de profesionales sanitarios, cuyo único denominador común es escribir en blogs o bitácoras, a redactar la toma de posición que a continuación se puede leer:
¿Qué es la gripe A/H1N1?
La gripe A es una enfermedad que cursa de forma leve en la gran mayoría de las personas. Está producida por el virus influenza A/H1N1 del mismo género que el virus de la gripe común. Puede producir fiebre y síntomas como dolor de cabeza y muscular, malestar general, congestión nasal, tos y a veces síntomas digestivos (nauseas, diarrea).
La gripe A tiene los mismos síntomas que la de todos los años.
¿Cómo se contagia?
Como la gripe común, se contagia muy fácilmente porque se transmite a través del aire por medio de pequeñas gotitas que emitimos al hablar, toser o estornudar. Cuando hablamos de "pandemia" queremos decir que hay muchas personas afectadas, en muchos países diferentes. Eso se debe a que se trata de un nuevo virus A, y es más fácil el contagio.
Pero que sea muy contagiosa no quiere decir que sea más grave.
¿Cómo se diagnostica?
Existe una prueba diagnóstica rápida para distinguir tipos de gripe. Pero para el diagnóstico de la gripe A tienen poca sensibilidad (aproximadamente un 35%). Eso quiere decir que de 100 personas con gripe A sólo detectaremos a unas 35 (test positivo). La mayoría (65) darán un resultado negativo para gripe A. Es decir, que aunque se tenga un test negativo, si se tienen síntomas gripales la causa puede ser la gripe A.
Y lo que es más importante: las recomendaciones para cuidarse serán las mismas, independientemente del tipo de gripe. Por esta razón, no es útil hacer una prueba diagnóstica en una gripe leve o moderada.
¿Cómo puede evolucionar la gripe A?
Con los datos disponibles de los miles de casos detectados en todo el mundo hasta la fecha, se puede afirmar que la inmensa mayoría de las personas pasan esta gripe con síntomas leves o moderados. Se debe mantener una especial vigilancia de la evolución de los síntomas en personas con enfermedades crónicas descompensadas, niños menores de seis meses y en pacientes de riesgo más elevado (inmunodeprimidos).
¿Cómo podemos actuar para prevenir el contagio?
Las recomendaciones básicas son dos:
1. El lavado de manos frecuente (por ejemplo, lavarse las manos 10 veces al día ha demostrado disminuir a la mitad el riesgo de contagio).
2. La higiene respiratoria (toser o estornudar sobre un pañuelo de papel desechable y lavarse las manos a continuación, toser o estornudar sobre el brazo si no se dispone de pañuelo para evitar el contacto con la mano, evitar el contacto cercano o íntimo cuando los síntomas de la enfermedad son evidentes).
No está claro si el uso de mascarillas evita la propagación de la epidemia. Solo se recomienda usarlas a las personas enfermas mientras están en contacto con otras personas y a sus cuidadores. Igualmente no se ha aclarado si el uso de fármacos como oseltamivir (Tamiflu®) o zanamivir (Relenza®) puede prevenir el contagio. Existen algunos estudios en instituciones cerradas y contactos familiares con beneficios muy pequeños. Teniendo en cuenta que se trata de una gripe leve y que estos fármacos tienen efectos secundarios, en general, no se recomienda su uso.
La vacuna contra la gripe común no funciona para la gripe A. Aún no se ha terminado de desarrollar una vacuna para la nueva gripe con totales garantías de seguridad y efectividad. La situación actual, en relación con el número de personas afectadas y el número de muertes, no justifica una alarma social.
¿Qué hacer si aparecen síntomas?
Los síntomas son los mismos que los de la gripe de todos los años. La gripe, como dice la sabiduría popular, “dura siete días con tratamiento y una semana sin él”.
Deben solicitar atención médica aquellas personas que tengan molestias graves: dificultad al respirar, dolor importante en el pecho, alteraciones de la conciencia (sensación de aturdimiento o desmayo), un empeoramiento repentino o un empeoramiento pasados 7 días del inicio de los síntomas. En el caso de los niños, la edad inferior a 6 meses, la respiración acelerada o la fiebre que dura más de tres días (72 horas) hace recomendable evaluación médica.
Pero probablemente la mayor parte de las personas tendrán síntomas leves y acudir al médico no aportará ningún beneficio. Todo lo contrario: la saturación de los centros de salud y hospitales puede dificultar una correcta atención a enfermos graves por la gripe o por otros problemas de salud.
Por ello, las personas sanas que presenten un cuadro gripal sin ningún dato de complicaciones pueden realizar un autocuidado con garantías en sus domicilios con las medidas habituales: buena hidratación, buena alimentación y buena higiene.
Si uno está enfermo, los cinco primeros días conviene no acudir a lugares muy llenos de gente para evitar contagiar a otras personas. Y recordar las medidas recomendadas: no “toserle” a nadie, estornudar en la manga o en un pañuelo de un solo uso y lavarse las manos varias veces al día.
Si aparecen síntomas, ¿es necesario tomar algún tratamiento?
Aunque la fiebre no es peligrosa en sí misma, los antitérmicos como el paracetamol o ibuprofeno pueden ser útiles para aliviar el malestar que produce. Los medicamentos antivirales han demostrado muy poca eficacia en las infecciones por virus gripales comunes, disminuyendo menos de un día la duración de los síntomas. Respecto a esta gripe no hay estudios que demuestren su eficacia.
Por estas razones, su uso deberá ser restringido a los pacientes que sufran complicaciones o aquellos con alto riesgo de sufrirlas. En un paciente sano, los riesgos por los efectos adversos del fármaco pueden superar a sus beneficios.
¿Y en el caso de embarazo?
Siempre se ha sabido que el embarazo supone un pequeño incremento del riesgo para las complicaciones de la gripe (cualquier tipo de gripe). En caso de fiebre o síntomas de gripe, es recomendable consultar con un profesional sanitario. De todas formas el riesgo sigue siendo bajo y la gran mayoría de los embarazos transcurrirán de forma saludable.
Conclusión
Durante la pandemia de gripe A seguirá habiendo infartos de miocardio, apendicitis, insuficiencia cardiaca, diabetes, crisis de asma, enfermedades psiquiátricas, fracturas de cadera, accidentes y muchas otros problemas de salud que requieren atención de los profesionales de la salud.El comportamiento sereno, paciente y tranquilo de los pacientes, los medios de comunicación, los profesionales sanitarios, los dirigentes políticos y los cargos con responsabilidad en planificación y gestión del Sistema Nacional de Salud son esenciales para que funcionen bien los servicios sanitarios y estos puedan dedicarse a los enfermos que lo necesiten.
Este blog publicara próximamente un decálogo de medidas prácticas de carácter organizativo. Los profesionales situados en el primer lugar de atención proponen esas medidas a las administraciones sanitarias ante un previsible aumento de la demanda y actividad asistencial de los servicios sanitarios por la gripe A.
Texto resumido en castellano, catalán y gallego
Texto en castellano, catalán e inglés
Información para profesionales
Información para público en general
Se ha editado un Vídeo Divulgativo titulado EL ABC DE LA GRIPE y que puede observarse en http://www.youtube.com/watch?v=cY4mQJxOzoQ, así como el texto en otras lenguas utilizadas en España como catalán y gallego.
Para acceder a toda esta información pueden visitar la web realizada al efecto picando en este enlace:
http://gripeycalma.wordpress.com/
Contacto en: calmagrip@gmail.com
Gripe y calma está compuesto por todos estos blogs colaboradores:
http://issuu.com/javierrural/docs/blogs_colaboradores
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martes, 25 de agosto de 2009
Reflexiones en la Soledad del Farmacéutico Rural (y V)
LA AUTOVÍA:
La autovía es monótona, aburrida, una lengua de asfalto gris que se extiende a lo largo de kilómetros de interminables rectas.
Conducir por ella es tedioso, casi tan aburrido como sentarte a ver la televisión; a pesar de la TDT, sólo hemos aumentado el número de canales pero realmente son pocos los programas que entretienen ó enseñan algo, y pocas, las películas que merece la pena ver hasta el final, ya que para conseguirlo, tienes que digerir la interminable sucesión de anuncios publicitarios.
La visión de los hitos kilométricos produce la misma sensación que observar las aspas de un ventilador, puedes concentrarte un momento en ellas, pero tienes que dejar de mirarlas para no marearte.
Puedes probar a animar el recorrido abriendo la ventanilla del coche, en un día tórrido como el de hoy, el vaivén de la corriente de aire que caprichosamente te acaricia la cara en función de donde provenga el aire, no es más que un jugueteo incapaz de abstraerte de la visión fija en el parabrisas.
La irrupción de la autovía en el paisaje rural actuó perversamente sobre el placer de conducir, evitó muchas curvas, contribuyó a poder aumentar la velocidad, disminuyó las distancias pero, al mismo tiempo, esquivó de forma maquiavélica el paso por los innumerables pueblos que jalonan la geografía de este país, eliminando de esta forma la posibilidad de parar para estirar las piernas y tomar un café para, de este modo, abandonar la rutina de la conducción.
La construcción de las rondas de circunvalación contribuyó al aislamiento de estos pueblos, haciendo innecesario atravesarlos, ahora tienes que tomar aire e intentar relajarte mientras intentas deglutir los interminables kilómetros de la autovía.
El día a día en una farmacia rural es monótono, aburrido, al igual que en la autovía, ves pasar las hojas del calendario, una tras otra, transformando tu vida en un bucle donde se repiten una y otra vez las mismas personas, y las mismas situaciones de cada día.
Vivir en el pueblo, con la vivienda sobre la farmacia, contribuye a alimentar la sensación de que no has dejado de trabajar nunca, ya que el trabajo te acompaña aún cuando cierras la puerta.
Puedes probar a salir a tomar una cerveza al único bar del pueblo, donde preguntar qué hay de comer se toma a chiste porque la oferta no ha variado hace siglos, pueblo que camina de forma lenta hacia su desaparición con la esperanza puesta en un golpe de suerte que reavive la ilusión de la gente por volver a vivir en él.
En verano llega la ilusión pasajera de los veraneantes, el espejismo de todos los años, pero cuando llega el otoño, al igual que las hojas caducas de los árboles, con la aparición del frío, ves cómo fallecen los habitantes del pueblo, esos vecinos y pacientes que han entrado a formar parte de tu vida, pero que inexorablemente nos dejan uno tras otro siguiendo la ley natural de lo que hemos determinado en llamar vida.
El trabajo suele transcurrir sin más compañía que la de tu ordenador y últimamente la de internet, y contribuye a tu aislamiento de los amigos que tenías antes de venir aquí a trabajar, a buscarte la vida, a prestar un servicio a la sociedad, un servicio que no ves recompensado.
Esta soledad en el trabajo, la repetición de las escenas de cada día, la disponibilidad a cualquier hora del día y en cualquier día del año, pone a prueba el aguante de cada persona, y te hace plantearte muchas cosas, pero lo duro no es esto, lo duro es cuando ves cómo le sucede a otro compañero/a, como se va erosionando poco a poco, como pierde esa chispa, día tras día, cómo comparte contigo esta sensación de no saber si la decisión fue la correcta y te pide que le ofrezcas soluciones, soluciones que por desgracia no tengo...
El pragmatismo de mi carácter quizás me haya permitido pasar de puntillas por este tipo de situaciones, ó quizás sea que aún no he llegado a “quemarme” lo suficiente, por ello no me planteo esta serie de preguntas, porque si lo hiciera, quizás no me las volvería a hacer y tiraría por la calle de en medio.
Hay una diferencia entre la autovía y el trabajo en la farmacia rural, una muy importante, ambas son monótonas y repetitivas, pero al menos en la primera sabes que una vez que la tomas te lleva a algún sitio, en ocasiones como ésta, el camino que escogiste en un momento de tu vida, no sabes ó al menos no eres capaz de distinguir a dónde te llevará, si es que te lleva a algún sitio.
Disculpad por este momento de soledad, disculpad que haya querido compartir un momento cómo éste con vosotros, pero en la vida, hay momentos buenos y malos, y hoy ha tocado uno de esos días grises que todos tenemos.
Desde el pueblo más pequeño de la provincia de Sevilla…………..
Un fuerte abrazo a todos.
Javier
La autovía es monótona, aburrida, una lengua de asfalto gris que se extiende a lo largo de kilómetros de interminables rectas.
Conducir por ella es tedioso, casi tan aburrido como sentarte a ver la televisión; a pesar de la TDT, sólo hemos aumentado el número de canales pero realmente son pocos los programas que entretienen ó enseñan algo, y pocas, las películas que merece la pena ver hasta el final, ya que para conseguirlo, tienes que digerir la interminable sucesión de anuncios publicitarios.
La visión de los hitos kilométricos produce la misma sensación que observar las aspas de un ventilador, puedes concentrarte un momento en ellas, pero tienes que dejar de mirarlas para no marearte.
Puedes probar a animar el recorrido abriendo la ventanilla del coche, en un día tórrido como el de hoy, el vaivén de la corriente de aire que caprichosamente te acaricia la cara en función de donde provenga el aire, no es más que un jugueteo incapaz de abstraerte de la visión fija en el parabrisas.
La irrupción de la autovía en el paisaje rural actuó perversamente sobre el placer de conducir, evitó muchas curvas, contribuyó a poder aumentar la velocidad, disminuyó las distancias pero, al mismo tiempo, esquivó de forma maquiavélica el paso por los innumerables pueblos que jalonan la geografía de este país, eliminando de esta forma la posibilidad de parar para estirar las piernas y tomar un café para, de este modo, abandonar la rutina de la conducción.
La construcción de las rondas de circunvalación contribuyó al aislamiento de estos pueblos, haciendo innecesario atravesarlos, ahora tienes que tomar aire e intentar relajarte mientras intentas deglutir los interminables kilómetros de la autovía.
El día a día en una farmacia rural es monótono, aburrido, al igual que en la autovía, ves pasar las hojas del calendario, una tras otra, transformando tu vida en un bucle donde se repiten una y otra vez las mismas personas, y las mismas situaciones de cada día.
Vivir en el pueblo, con la vivienda sobre la farmacia, contribuye a alimentar la sensación de que no has dejado de trabajar nunca, ya que el trabajo te acompaña aún cuando cierras la puerta.
Puedes probar a salir a tomar una cerveza al único bar del pueblo, donde preguntar qué hay de comer se toma a chiste porque la oferta no ha variado hace siglos, pueblo que camina de forma lenta hacia su desaparición con la esperanza puesta en un golpe de suerte que reavive la ilusión de la gente por volver a vivir en él.
En verano llega la ilusión pasajera de los veraneantes, el espejismo de todos los años, pero cuando llega el otoño, al igual que las hojas caducas de los árboles, con la aparición del frío, ves cómo fallecen los habitantes del pueblo, esos vecinos y pacientes que han entrado a formar parte de tu vida, pero que inexorablemente nos dejan uno tras otro siguiendo la ley natural de lo que hemos determinado en llamar vida.
El trabajo suele transcurrir sin más compañía que la de tu ordenador y últimamente la de internet, y contribuye a tu aislamiento de los amigos que tenías antes de venir aquí a trabajar, a buscarte la vida, a prestar un servicio a la sociedad, un servicio que no ves recompensado.
Esta soledad en el trabajo, la repetición de las escenas de cada día, la disponibilidad a cualquier hora del día y en cualquier día del año, pone a prueba el aguante de cada persona, y te hace plantearte muchas cosas, pero lo duro no es esto, lo duro es cuando ves cómo le sucede a otro compañero/a, como se va erosionando poco a poco, como pierde esa chispa, día tras día, cómo comparte contigo esta sensación de no saber si la decisión fue la correcta y te pide que le ofrezcas soluciones, soluciones que por desgracia no tengo...
El pragmatismo de mi carácter quizás me haya permitido pasar de puntillas por este tipo de situaciones, ó quizás sea que aún no he llegado a “quemarme” lo suficiente, por ello no me planteo esta serie de preguntas, porque si lo hiciera, quizás no me las volvería a hacer y tiraría por la calle de en medio.
Hay una diferencia entre la autovía y el trabajo en la farmacia rural, una muy importante, ambas son monótonas y repetitivas, pero al menos en la primera sabes que una vez que la tomas te lleva a algún sitio, en ocasiones como ésta, el camino que escogiste en un momento de tu vida, no sabes ó al menos no eres capaz de distinguir a dónde te llevará, si es que te lleva a algún sitio.
Disculpad por este momento de soledad, disculpad que haya querido compartir un momento cómo éste con vosotros, pero en la vida, hay momentos buenos y malos, y hoy ha tocado uno de esos días grises que todos tenemos.
Desde el pueblo más pequeño de la provincia de Sevilla…………..
Un fuerte abrazo a todos.
Javier
lunes, 24 de agosto de 2009
TOMAR PARTIDO
Es curioso cómo cambian las cosas conforme va pasando el tiempo, a medida que éste transcurre y uno madura debido a la edad y las vivencias que acumula, en innumerables ocasiones acude al recuerdo y lo compara con la actualidad, esto da lugar a diferencias, entre la visión que tenemos de una persona, grabada a modo de recuerdo en el interior de nuestro cerebro y la percepción que de ella tenemos en el momento actual.
Las piedras por efecto del viento y el agua se erosionan, solo hace falta tiempo y la acción de estos agentes ambientales para pulirlas, año tras año van limando las estrías propias de la roca nueva, hasta conseguir una superficie suave y uniforme, sin embargo, con el carácter de las personas ocurre lo contrario, y el efecto que produce en éstas el tiempo y las vivencias acumuladas es opuesto, cuando naces podríamos afirmar que el carácter de esta nueva persona casi es inexistente, como no me atrevo a eliminar el adverbio de esta frase, me atreveré a calificar el carácter no formado de un recién nacido con el adjetivo suave ó neutro, pero el paso del tiempo se encarga de ir modelándolo.
Mi padre tiene un carácter fuerte, seco, poco dado a sentimentalismos, erosionado por el tiempo y unas vivencias que no han sido muy generosas para con él, quizás por ello es poco dado a demostrar sus sentimientos, ya sean de tristeza ó de afecto. Cuando era niño veía a mi padre de forma diferente a la que lo veo ahora, el recuerdo de entonces se corresponde con el de una persona grande y fuerte, seguramente debido a que los ojos de un niño ensalzan la figura paterna. Los recuerdos de aquella época me llevan a describirlo como una persona grande y fuerte, de tez muy tostada debido al sol que diariamente soportaba en su trabajo, ese obligado bronceado era algo característico en la cara de mi padre, y junto a esto una nariz grande, alargada, pero acompañando a esta nariz destacaban sobremanera sus ojos, unos ojos de un azul celeste, semejante al limpio cielo que aparece al disiparse las nubes tras el paso de un temporal, azules como el efecto producido por el sol al hacer incidir sus rayos sobre las transparentes aguas de las escasísimas playas vírgenes que aún quedan.
Por caprichos de la genética, sólo heredé la nariz y no tuve la suerte de recibir el premio de esos magníficos ojos azules. Pero lo que más me ha impresionado siempre del físico de mi padre ha sido el tamaño de sus manos, manos grandes, ásperas y duras, curtidas día tras día tras décadas de duro trabajo al aire libre. Sus gigantescas manos son una prolongación de sus anchos antebrazos, capaces de hacer fácil cualquier movimiento con el palaustre ó paleta.
Recuerdo mis primeros pasos en el mundo laboral, trabajaba con él mientras estudiaba sin tener claro qué quería hacer en la vida, recuerdo cuando apenas podía levantar del suelo los sacos de cemento, aquellos sacos fabricados con un papel muy resistente pero basto, que impedía asirlo con facilidad, parecían diseñados para que se te resbalasen de las manos, no hace tanto tiempo de aquello, pero en esa época nadie discutía la conveniencia ó no de que pesaran 50 kgs., afortunadamente ahora se ha reducido su peso y lo agradecen las espaldas.
Vienen a mi memoria esos cubos llenos de mezcla ó mortero y la dificultad de homogeneizar dicha masa en el cubo con la única ayuda de la paleta y la fuerza de una mano, recuerdo como si fuera ayer el dolor que me producía en la mano, y sobre todo en el antebrazo, los giros circulares que se aplicaban a ese engrudo ó pasta compuesta por arena, cemento y agua, que se movía para que el agua no decantara y subiera a la superficie. Lo intentaba y no podía, luego veía cómo la gigantesca mano de mi padre y su increíble antebrazo, batían de un lado a otro, con aparente facilidad, hasta conseguir una mezcla uniforme que posteriormente extendía sobre el canto del ladrillo, como se unta la mantequilla a la tostada, para después colocarlo en su sitio justo, y así, uno tras otro hasta formar la pared ó tabique.
Mi padre era bueno en su trabajo, era de los “antiguos”, de los que saben hacer de todo, no se especializó en una actividad concreta y era capaz de hacer tanto una pared como alicatar un cuarto de baño ó construir una casa entera.
Una característica del carácter de mi padre que siempre me ha gustado destacar, porque estimo que actualmente es una cualidad que abunda poco, es su formalidad, para mi padre su palabra es un contrato con firma y si se compromete a algo lo cumple, aunque pierda dinero ó le produzca inconvenientes.
Pero hay una frase de mi padre que siempre ha sido motivo de discusión entre los dos, ya que cuando le insinúo “…deberías leer tal libro” ó ” … ¿por qué no aprendes tal ó cual cosa?”, su respuesta siempre es: “Yo ya lo tengo todo hecho en la vida, ya he aprendido todo lo que necesitaba saber y no necesito aprender nada más”.
No sé si esta frase es fruto de una época de la vida en la que una persona mira más hacia el pasado, repasando todo lo conseguido tras muchos años de duro trabajo, que hacia el futuro, donde todavía debería de vislumbrar lo que puede hacer, donde todavía debería atisbar un horizonte con alguna meta que conseguir. Puede que esta frase sea fruto del atardecer de una vida que se aproxima lenta pero inexorablemente a su ocaso, quizás por eso, yo que me encuentro en otro momento más temprano de la mía, no la comparto y no la entiendo como una actitud positiva ante los acontecimientos que se producen día a día.
Esta misma actitud indolente ante la vida, y que en el caso de mi padre asocio a su edad, la observo en la profesión y solo citaré a modo de ejemplo: la baja participación en las elecciones a Colegios Profesionales, ó en algunos casos la no convocatoria de las mismas por falta de candidatos. Tengo un amigo que dice que los farmacéuticos hablamos poco de política, que nos interesan poco estos asuntos, y no tengo más que darle la razón. Esta profesión lo quiera ó no, está y estará marcada por las decisiones que se tomen en los despachos de burócratas, que debido a su trabajo no tienen cercanía alguna a los temas sobre los que legislan, ajenos a las repercusiones que sus decisiones puedan tener sobre los profesionales afectados y por extensión sobre los pacientes. Se puede tener como digo, una actitud pasiva ante esta inevitable situación, ó bien, tomar partido como parte implicada, si no lo haces, siempre te quedará esa sensación de lo que pudiste hacer y no hiciste.
El mundo gira cada vez más rápido y los cambios suceden a mayor velocidad, de la capacidad de adaptación que se tenga a estos rápidos cambios dependerá la supervivencia del grupo ó colectivo del que formes parte, y así mismo, de la postura que se tome hoy, dependerá lo que nos suceda mañana, si no tomas partido, acabarás dependiendo, de forma inevitable, de lo que otros decidan por ti.
Yo hace tiempo que decidí, al menos, hacer ver mi opinión, no sé si ésta generará algún tipo de efecto, pero al menos es mi actitud en la vida y no estoy dispuesto a que otros decidan por mí, sin al menos escuchar lo que yo tenga que decir al respecto, si tú aún no lo haces, hoy todavía estás a tiempo, mañana puede ser tarde.
Sigo queriendo y admirando a mi padre, pero, en este aspecto al menos, no comparto su opinión, creo que todavía tengo mucho que hacer en la vida, y creo además, que lo que me suceda en el futuro, dependerá mucho de lo que yo haga en ella.
Desde el pueblo más pequeño de la provincia de Sevilla………………
Un fuerte abrazo a todos,
Javier
Las piedras por efecto del viento y el agua se erosionan, solo hace falta tiempo y la acción de estos agentes ambientales para pulirlas, año tras año van limando las estrías propias de la roca nueva, hasta conseguir una superficie suave y uniforme, sin embargo, con el carácter de las personas ocurre lo contrario, y el efecto que produce en éstas el tiempo y las vivencias acumuladas es opuesto, cuando naces podríamos afirmar que el carácter de esta nueva persona casi es inexistente, como no me atrevo a eliminar el adverbio de esta frase, me atreveré a calificar el carácter no formado de un recién nacido con el adjetivo suave ó neutro, pero el paso del tiempo se encarga de ir modelándolo.
Mi padre tiene un carácter fuerte, seco, poco dado a sentimentalismos, erosionado por el tiempo y unas vivencias que no han sido muy generosas para con él, quizás por ello es poco dado a demostrar sus sentimientos, ya sean de tristeza ó de afecto. Cuando era niño veía a mi padre de forma diferente a la que lo veo ahora, el recuerdo de entonces se corresponde con el de una persona grande y fuerte, seguramente debido a que los ojos de un niño ensalzan la figura paterna. Los recuerdos de aquella época me llevan a describirlo como una persona grande y fuerte, de tez muy tostada debido al sol que diariamente soportaba en su trabajo, ese obligado bronceado era algo característico en la cara de mi padre, y junto a esto una nariz grande, alargada, pero acompañando a esta nariz destacaban sobremanera sus ojos, unos ojos de un azul celeste, semejante al limpio cielo que aparece al disiparse las nubes tras el paso de un temporal, azules como el efecto producido por el sol al hacer incidir sus rayos sobre las transparentes aguas de las escasísimas playas vírgenes que aún quedan.
Por caprichos de la genética, sólo heredé la nariz y no tuve la suerte de recibir el premio de esos magníficos ojos azules. Pero lo que más me ha impresionado siempre del físico de mi padre ha sido el tamaño de sus manos, manos grandes, ásperas y duras, curtidas día tras día tras décadas de duro trabajo al aire libre. Sus gigantescas manos son una prolongación de sus anchos antebrazos, capaces de hacer fácil cualquier movimiento con el palaustre ó paleta.
Recuerdo mis primeros pasos en el mundo laboral, trabajaba con él mientras estudiaba sin tener claro qué quería hacer en la vida, recuerdo cuando apenas podía levantar del suelo los sacos de cemento, aquellos sacos fabricados con un papel muy resistente pero basto, que impedía asirlo con facilidad, parecían diseñados para que se te resbalasen de las manos, no hace tanto tiempo de aquello, pero en esa época nadie discutía la conveniencia ó no de que pesaran 50 kgs., afortunadamente ahora se ha reducido su peso y lo agradecen las espaldas.
Vienen a mi memoria esos cubos llenos de mezcla ó mortero y la dificultad de homogeneizar dicha masa en el cubo con la única ayuda de la paleta y la fuerza de una mano, recuerdo como si fuera ayer el dolor que me producía en la mano, y sobre todo en el antebrazo, los giros circulares que se aplicaban a ese engrudo ó pasta compuesta por arena, cemento y agua, que se movía para que el agua no decantara y subiera a la superficie. Lo intentaba y no podía, luego veía cómo la gigantesca mano de mi padre y su increíble antebrazo, batían de un lado a otro, con aparente facilidad, hasta conseguir una mezcla uniforme que posteriormente extendía sobre el canto del ladrillo, como se unta la mantequilla a la tostada, para después colocarlo en su sitio justo, y así, uno tras otro hasta formar la pared ó tabique.
Mi padre era bueno en su trabajo, era de los “antiguos”, de los que saben hacer de todo, no se especializó en una actividad concreta y era capaz de hacer tanto una pared como alicatar un cuarto de baño ó construir una casa entera.
Una característica del carácter de mi padre que siempre me ha gustado destacar, porque estimo que actualmente es una cualidad que abunda poco, es su formalidad, para mi padre su palabra es un contrato con firma y si se compromete a algo lo cumple, aunque pierda dinero ó le produzca inconvenientes.
Pero hay una frase de mi padre que siempre ha sido motivo de discusión entre los dos, ya que cuando le insinúo “…deberías leer tal libro” ó ” … ¿por qué no aprendes tal ó cual cosa?”, su respuesta siempre es: “Yo ya lo tengo todo hecho en la vida, ya he aprendido todo lo que necesitaba saber y no necesito aprender nada más”.
No sé si esta frase es fruto de una época de la vida en la que una persona mira más hacia el pasado, repasando todo lo conseguido tras muchos años de duro trabajo, que hacia el futuro, donde todavía debería de vislumbrar lo que puede hacer, donde todavía debería atisbar un horizonte con alguna meta que conseguir. Puede que esta frase sea fruto del atardecer de una vida que se aproxima lenta pero inexorablemente a su ocaso, quizás por eso, yo que me encuentro en otro momento más temprano de la mía, no la comparto y no la entiendo como una actitud positiva ante los acontecimientos que se producen día a día.
Esta misma actitud indolente ante la vida, y que en el caso de mi padre asocio a su edad, la observo en la profesión y solo citaré a modo de ejemplo: la baja participación en las elecciones a Colegios Profesionales, ó en algunos casos la no convocatoria de las mismas por falta de candidatos. Tengo un amigo que dice que los farmacéuticos hablamos poco de política, que nos interesan poco estos asuntos, y no tengo más que darle la razón. Esta profesión lo quiera ó no, está y estará marcada por las decisiones que se tomen en los despachos de burócratas, que debido a su trabajo no tienen cercanía alguna a los temas sobre los que legislan, ajenos a las repercusiones que sus decisiones puedan tener sobre los profesionales afectados y por extensión sobre los pacientes. Se puede tener como digo, una actitud pasiva ante esta inevitable situación, ó bien, tomar partido como parte implicada, si no lo haces, siempre te quedará esa sensación de lo que pudiste hacer y no hiciste.
El mundo gira cada vez más rápido y los cambios suceden a mayor velocidad, de la capacidad de adaptación que se tenga a estos rápidos cambios dependerá la supervivencia del grupo ó colectivo del que formes parte, y así mismo, de la postura que se tome hoy, dependerá lo que nos suceda mañana, si no tomas partido, acabarás dependiendo, de forma inevitable, de lo que otros decidan por ti.
Yo hace tiempo que decidí, al menos, hacer ver mi opinión, no sé si ésta generará algún tipo de efecto, pero al menos es mi actitud en la vida y no estoy dispuesto a que otros decidan por mí, sin al menos escuchar lo que yo tenga que decir al respecto, si tú aún no lo haces, hoy todavía estás a tiempo, mañana puede ser tarde.
Sigo queriendo y admirando a mi padre, pero, en este aspecto al menos, no comparto su opinión, creo que todavía tengo mucho que hacer en la vida, y creo además, que lo que me suceda en el futuro, dependerá mucho de lo que yo haga en ella.
Desde el pueblo más pequeño de la provincia de Sevilla………………
Un fuerte abrazo a todos,
Javier
lunes, 10 de agosto de 2009
LA COMUNICACIÓN
Continúa el verano, ha llegado el mes de Agosto y la actividad se detiene casi por completo en todos los ámbitos, da la impresión de que todo el mundo está de vacaciones y, en definitiva, todo parece discurrir a una velocidad sensiblemente inferior a la habitual.
Impregnado de esta sensación de placidez ó de dejadez producida por las altas temperaturas y las dos horas que llevo sin que nadie entre en mi farmacia, hoy me apetece escribir por el gusto de hacerlo, por ello, lo que sigue a continuación tiene que ver con la vida. Puede parecer curioso que alguien con 36 años hable de la vida, pero al fin y al cabo todo tiene que ver con ella, por ello, lo siguiente va sobre la vida, no tiene que ver con la farmacia rural, ni tan siquiera con la farmacia,…… ó sí.
Imagino que a vosotros os pasará también, cuando me encuentro en un ambiente que no es el habitual, me cuesta integrarme en la conversación, me sucede cuando charlo con personas que se dedican a las labores del campo, comienzan a hablar de terrazas, comederos a los que acuden los ciervos, stihl (una marca de motosierras), carchizo, bornizo, …, en fin, cuesta “coger la onda” ya que no domino la “jerga” y por ello les molesto bombardeándolos a preguntas una y otra vez para, finalmente, agradecerles la infinita paciencia que tienen conmigo al molestarse en explicármelo.
He comentado en varias ocasiones que mi padre era albañil, digo era porque afortunadamente aún vive, pero afortunadamente también, ahora está jubilado, con la espalda machacada, pero jubilado, y como fue una etapa importante en mi vida, aludo frecuentemente a la misma usándola como hilo conductor de las ideas que quiero comentar. Quiero pensar que además de ayudarme a contar una historia, me sirve para enseñar al neófito en albañilería términos que no ha tenido la suerte de conocer.
El término de hoy es la “lasquilla”, recuerdo cuándo fue la primera vez que oí esa palabra, tendría unos 15 años y mi padre estaba sobre el andamio, una plataforma formada por dos tablas, cada una de unos 20 cms de ancho y suspendidas en sus extremos sobre dos bidones de chapa, ahora vacíos, pero fabricados para contener 200 Kgs de lubricante, se compraban en la chatarrería y se usaban a modo de pilares para permitirte trabajar a la altura del techo de una habitación.
Este andamio no era muy alto, con lo que permitía bajarse al que estaba sobre él de un pequeño salto, pero por practicidad y para aumentar la velocidad del trabajo, el oficial (mi padre en este caso) estaba sobre esta tabla ó costero, y desde la altura solicita todo lo que va necesitando para continuar su trabajo al ayudante ó peón (en este caso yo).
Desde su posición elevada, solicita ladrillos, mezcla, … y al mismo tiempo aprovecha para regañarme por mi postura poco dispuesta para el trabajo, ésta es, con los brazos cruzados, era una “guerra” que tenía mi padre conmigo, siempre decía que una persona que te pagaba un sueldo no debía verte nunca parado, ni con los brazos cruzados, daba mala impresión (al que haya compartido trabajo con su padre no tendré que comentarle nada sobre lo difícil que es trabajar con ellos).
A lo que vamos, un tabique comienza desde el suelo y va creciendo por la sucesión ó acumulación de ladrillos que, de forma intercalada, y previa aplicación de la mezcla, incrementan su altura hasta llegar al techo. Obviamente, y ya que la construcción de una pared no es un puzle en el que todas las piezas encajan a la perfección, las piezas (iguales de origen) tienen que ser ajustadas al hueco, con lo que frecuentemente hay que romper el ladrillo para obtener un trozo que entre en el sitio en cuestión.
En otras ocasiones, falta un trozo pequeño para completarlo, y ahí está el problema, en lugar de romper un ladrillo completo, se hace uso de un trozo ya roto con anterioridad. La escena hay que ubicarla con mi padre, subido en la atalaya que forma el andamio, pidiéndome que le alcanzara “esa lasquilla”. Para empezar, ni yo sabía entonces lo que era una “lasquilla”, ni la mayoría de vosotros, lectores, sabréis lo que es, con lo que era muy difícil, por no decir imposible, dar con ella.
Una “lasquilla” es un trozo de ladrillo ó de mezcla dura que se usa para rematar un hueco pequeño, imagino que vendrá de la palabra “lasca” que según la R.A.E. es un trozo pequeño y delgado desprendido de una piedra, una vez solventado este “pequeño” inconveniente del significado de la palabra, imaginaros por un momento el suelo bajo el andamio invadido, completamente lleno de “lasquillas” y mi padre diciéndome “esa es la que quiero”, ¿cuál, ésta?, le respondía yo, y él por momentos, se iba irritando, cada vez más, “no, esa no, esa de allí, la redondita, la que está al lado de tu pié”… Al final no podía soportarlo más y bajaba del andamio mascullando entre dientes para espetarme al final “ésta, ¿es que no la veías?”. Lo cierto era que verla, lo que se dice verla, la veía dentro de un conjunto, pero jamás hubiera sido capaz de diferenciarla entre sus hermanas por mucho empeño que hubiera puesto en ello.
Es lo que tiene el lenguaje, cuando los mensajes no son todo lo claros que deben ser, ó se dá por supuesto que todo el mundo sabe de lo que estás hablando se generan situaciones de incomunicación y malentendidos que dificultan el entendimiento entre las partes.
Con una pequeña explicación por parte de mi padre se hubiera evitado el sofocón y agilizado el trabajo, ésta es la pequeña moraleja que hoy quería compartir con vosotros, por el mero placer de escribir algo.
Desde el pueblo más pequeño de la provincia de Sevilla………..
Un fuerte abrazo a todos.
Javier
Impregnado de esta sensación de placidez ó de dejadez producida por las altas temperaturas y las dos horas que llevo sin que nadie entre en mi farmacia, hoy me apetece escribir por el gusto de hacerlo, por ello, lo que sigue a continuación tiene que ver con la vida. Puede parecer curioso que alguien con 36 años hable de la vida, pero al fin y al cabo todo tiene que ver con ella, por ello, lo siguiente va sobre la vida, no tiene que ver con la farmacia rural, ni tan siquiera con la farmacia,…… ó sí.
Imagino que a vosotros os pasará también, cuando me encuentro en un ambiente que no es el habitual, me cuesta integrarme en la conversación, me sucede cuando charlo con personas que se dedican a las labores del campo, comienzan a hablar de terrazas, comederos a los que acuden los ciervos, stihl (una marca de motosierras), carchizo, bornizo, …, en fin, cuesta “coger la onda” ya que no domino la “jerga” y por ello les molesto bombardeándolos a preguntas una y otra vez para, finalmente, agradecerles la infinita paciencia que tienen conmigo al molestarse en explicármelo.
He comentado en varias ocasiones que mi padre era albañil, digo era porque afortunadamente aún vive, pero afortunadamente también, ahora está jubilado, con la espalda machacada, pero jubilado, y como fue una etapa importante en mi vida, aludo frecuentemente a la misma usándola como hilo conductor de las ideas que quiero comentar. Quiero pensar que además de ayudarme a contar una historia, me sirve para enseñar al neófito en albañilería términos que no ha tenido la suerte de conocer.
El término de hoy es la “lasquilla”, recuerdo cuándo fue la primera vez que oí esa palabra, tendría unos 15 años y mi padre estaba sobre el andamio, una plataforma formada por dos tablas, cada una de unos 20 cms de ancho y suspendidas en sus extremos sobre dos bidones de chapa, ahora vacíos, pero fabricados para contener 200 Kgs de lubricante, se compraban en la chatarrería y se usaban a modo de pilares para permitirte trabajar a la altura del techo de una habitación.
Este andamio no era muy alto, con lo que permitía bajarse al que estaba sobre él de un pequeño salto, pero por practicidad y para aumentar la velocidad del trabajo, el oficial (mi padre en este caso) estaba sobre esta tabla ó costero, y desde la altura solicita todo lo que va necesitando para continuar su trabajo al ayudante ó peón (en este caso yo).
Desde su posición elevada, solicita ladrillos, mezcla, … y al mismo tiempo aprovecha para regañarme por mi postura poco dispuesta para el trabajo, ésta es, con los brazos cruzados, era una “guerra” que tenía mi padre conmigo, siempre decía que una persona que te pagaba un sueldo no debía verte nunca parado, ni con los brazos cruzados, daba mala impresión (al que haya compartido trabajo con su padre no tendré que comentarle nada sobre lo difícil que es trabajar con ellos).
A lo que vamos, un tabique comienza desde el suelo y va creciendo por la sucesión ó acumulación de ladrillos que, de forma intercalada, y previa aplicación de la mezcla, incrementan su altura hasta llegar al techo. Obviamente, y ya que la construcción de una pared no es un puzle en el que todas las piezas encajan a la perfección, las piezas (iguales de origen) tienen que ser ajustadas al hueco, con lo que frecuentemente hay que romper el ladrillo para obtener un trozo que entre en el sitio en cuestión.
En otras ocasiones, falta un trozo pequeño para completarlo, y ahí está el problema, en lugar de romper un ladrillo completo, se hace uso de un trozo ya roto con anterioridad. La escena hay que ubicarla con mi padre, subido en la atalaya que forma el andamio, pidiéndome que le alcanzara “esa lasquilla”. Para empezar, ni yo sabía entonces lo que era una “lasquilla”, ni la mayoría de vosotros, lectores, sabréis lo que es, con lo que era muy difícil, por no decir imposible, dar con ella.
Una “lasquilla” es un trozo de ladrillo ó de mezcla dura que se usa para rematar un hueco pequeño, imagino que vendrá de la palabra “lasca” que según la R.A.E. es un trozo pequeño y delgado desprendido de una piedra, una vez solventado este “pequeño” inconveniente del significado de la palabra, imaginaros por un momento el suelo bajo el andamio invadido, completamente lleno de “lasquillas” y mi padre diciéndome “esa es la que quiero”, ¿cuál, ésta?, le respondía yo, y él por momentos, se iba irritando, cada vez más, “no, esa no, esa de allí, la redondita, la que está al lado de tu pié”… Al final no podía soportarlo más y bajaba del andamio mascullando entre dientes para espetarme al final “ésta, ¿es que no la veías?”. Lo cierto era que verla, lo que se dice verla, la veía dentro de un conjunto, pero jamás hubiera sido capaz de diferenciarla entre sus hermanas por mucho empeño que hubiera puesto en ello.
Es lo que tiene el lenguaje, cuando los mensajes no son todo lo claros que deben ser, ó se dá por supuesto que todo el mundo sabe de lo que estás hablando se generan situaciones de incomunicación y malentendidos que dificultan el entendimiento entre las partes.
Con una pequeña explicación por parte de mi padre se hubiera evitado el sofocón y agilizado el trabajo, ésta es la pequeña moraleja que hoy quería compartir con vosotros, por el mero placer de escribir algo.
Desde el pueblo más pequeño de la provincia de Sevilla………..
Un fuerte abrazo a todos.
Javier
sábado, 8 de agosto de 2009
PERDIDA DE VIRGINIDAD
Estimadas compañeras, ha ocurrido un hecho lamentable, despues de 30 años trabajando en el medio rural, tanto de dia como de noche, sin ningun incidente de importancia, la pasada madrugada del cuatro de agosto, fui violentada y mi virginidad atacada por un grupo de cuatro jovenes rumanos que intentaron penetrar en mi interior.
Afotunadamente mis dueños se percataron del ataque y frustaron el intento de penetrar en mi interior, abortando el intento de robo.
Me ha quedado una sensacion rara, he perdido esa inocencia que hasta ahora me habia acompañado, desconfio de los extraños, me sobresalta cualquier ruido que escuche en la noche, ha sido una experiencia muy traumatica despues de tantos años de tranquilidad.
Habia escuchado a las farmacias de ciudad contar como estos incidentes eran comunes, pero en mi inocencia pensaba que en un pequeño pueblo estas cosas no ocurrian.
Desgraciadamente este grupo de rumanos, quizas frustados por no alcanzar su objetivo, a las pocas noches forzaron la farmacia del pueblo colindante, tambien situada en una pequeña poblacion, igualmente han intentado forzar otras farmacias rurales del entorno.
Lo mas triste es comprobar como lo negativo de la ciudad va llegando hasta nosotros, como cada dia somos mas vunerables.
Algun dia tenia que ser, mis dueños estan pensando en instalar medidas de seguridad, que triste, pero no queda otra alternativa.
Espero que vuestro verano se desarrolle de manera mas tranquila.
Un saludo de la farmacia del Castillo de las Guardas.
Afotunadamente mis dueños se percataron del ataque y frustaron el intento de penetrar en mi interior, abortando el intento de robo.
Me ha quedado una sensacion rara, he perdido esa inocencia que hasta ahora me habia acompañado, desconfio de los extraños, me sobresalta cualquier ruido que escuche en la noche, ha sido una experiencia muy traumatica despues de tantos años de tranquilidad.
Habia escuchado a las farmacias de ciudad contar como estos incidentes eran comunes, pero en mi inocencia pensaba que en un pequeño pueblo estas cosas no ocurrian.
Desgraciadamente este grupo de rumanos, quizas frustados por no alcanzar su objetivo, a las pocas noches forzaron la farmacia del pueblo colindante, tambien situada en una pequeña poblacion, igualmente han intentado forzar otras farmacias rurales del entorno.
Lo mas triste es comprobar como lo negativo de la ciudad va llegando hasta nosotros, como cada dia somos mas vunerables.
Algun dia tenia que ser, mis dueños estan pensando en instalar medidas de seguridad, que triste, pero no queda otra alternativa.
Espero que vuestro verano se desarrolle de manera mas tranquila.
Un saludo de la farmacia del Castillo de las Guardas.
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